LA
MINA MISTERIOSA
MALDONADO, PUEBLO EDEN.
VERANO DE 2022
Para
Santiago, aquel día era uno más para ir a su trabajo en la mina de cobre.
Termina lentamente su mate y sale. Es
muy temprano, está amaneciendo y aunque no escuchaba a los pájaros, notaba que
sería un buen día.
El camión vendría a buscarlo, para
llevarlo con otros mineros, a una jornada laboral. No sabía que le pesaba más,
si la mochila de su espalda o la de la vida.
Escucha el ruido inconfundible del
camión. Subió rápidamente y se sentó al lado de los otros hombres cuyo aliento
a tabaco.
Recuerda que hace unos años se le hizo
tarde y se fue en su vieja bicicleta. Pedaleando rápido. Resultó ser el día más extraño de su vida,
pero a pocas personas les cuenta el suceso.
Aún parece sentir el sudor resbalándose
de su sien y el corazón golpeando fuerte en su pecho.
Antes de salir, tuvo una premonición, y
al lavarse la cara, se le rompió el espejo. También una taza se le escurrió de
las manos, rompiéndose en mil pedazos.
Siguió su ritual de salida, para después
irse en la bicicleta. Llegado a su destino que era la vieja mina de cobre, se
bajó de la misma.
De pronto, una luz lo encegueció y una
luz potente iluminó su cara. Tenía diferentes colores, como una especie de
arcoíris.
No sabe cuánto tiempo pasó, pero de
pronto estaba en el portal de su casa. Reconoce
a su esposa, que lo mira incrédula, ya que nunca vio a su marido en ese estado.
Llegaba de su trabajo en la cafetería
cuándo presenció esta extraña escena.
Santiago nunca pudo superar este suceso.
Y el sueño de su probable secuestro vuelve a ocurrir. Provocándole extrañas y
recurrentes pesadillas. Nunca superó el recuerdo de su fuga, alterando a veces
su paz espiritual.
Lo único que atesora y lo mantiene vivo,
es su hogar , en esta cabaña cercana a la Laguna (del Sauce), en un valle
cercano a las sierras.
Lugar donde a veces va a pescar con su
hijo. Y a veces se va con amigos al Arroyo Pintado, que desde chico visita. Este
es su lugar en el mundo, un pulmoncito de vida que lo sujeta a la tierra, y
dónde piensa vivir hasta la muerte, que espera por ahora le sea esquiva.
Quiere ver crecer a sus hijos, antes de
partir.
En este edén, cercano a San Carlos, se
siente lejos de la civilización, pues es un lugar incontaminado y único.
Allí vive poca gente, pero buena. Como
César, un montevideano que visita el pueblo para inspirarse a escribir. También
está ¨El francés¨ que retornó a sus raíces y abrió un negocio de quesos y
dulces.
Y dos por tres visita a sus amigos
dueños de la taberna ¨Edén¨ que con sus platos caseros y sus frutos del mar
agasajan el estómago de turistas y pueblerinos..
A veces recuerda otro suceso vivido dentro de la mina, a 15 m.
de profundidad.
Cuando él y un compañero bajaron para
entrar a un subsuelo. Lo hicieron lentamente usando una fina escalera, casco protector, guantes y cuerdas. En busca
de metales como cobre, hierro y
malaquita.
Simón bajó primero y con cuidado se
deslizó un trecho. Lentamente seguía su descenso, pero en determinado momento resbaló
de la escalera. Se inclinó hacia un costado y su cabeza golpeó contra la roca
de cristal .
Esto le provocó un desmayo, y Santiago trató
de subirlo de a poco. Por suerte su delgadez ayudó en este proceso.
Santiago lo fue arrastrando hacia
arriba, despacio pero con seguridad.
No fue fácil volver del túnel, que casi
se volvía un camposanto.
Sus manos grandes tomaron el cuerpo
frágil del chico, y logró llegar hasta tierra firme. Por suerte estaba allí
otro minero que ayudó a ambos y los trasladó a una Policlínica Municipal cercana.
El muchacho afirmó que vio una luz
brillante de colores, y que después no recordaba nada, y que al despertar de su
estado inconsciente, sólo percibió una habitación blanca, con rostros
desconocidos que lo miraban fijo, para
saber sobre su estado.
Nunca olvidaron ese día, el día del
resbalón, donde casi dejan allí sus vidas para siempre. En la histórica mina
sedienta de vidas, que albergaba ya algunas, pero que siempre quería más gente
para sepultar en sus entrañas.
Esta es la historia oficial. La otra es el
sueño recurrente del minero Salvador, donde ve la luz potente, siente su cuerpo
caer, sensación pesadillezca que lo hace despertar somnoliento y sudoroso.
Al despertar sabe que podía haber sido
la víctima, pero su rol fue el de salvador y héroe, luchando para salvar a
Simón.
Desde ese hecho valora mucho más las
cosas simples, como ver a su hijo reír y jugar, a su mujer cuando se peina y
cocina, a su perro cuando salta.
Mira con más detenimiento la tarde que
cae y el sol que se va, la mañana con sol e incluso el ruido de los sapitos
después de la lluvia.
Sabiendo que un mañana le va a volverle
a sonreír, sin prisas, sin apremios.
Ya no le pesa el madrugón ni el pedaleo
en la bici. No se queja más de nada, como típico uruguayo.
En su pequeño taller, la energía de la
piedra le produce bienestar. Aprendió a moldear la malaquita y con ella hace
figuras que después vende a turistas como ¨souvenir¨ del lugar.
Este es su lugar en el mundo, su aldea
perdida y su paraíso.
Un pueblo donde el tiempo se detuvo. Es
un ¨slown town¨ donde aún se duerme con las puertas abiertas y el corazón tranquilo.
Donde pasan cosas místicas, algo extrañas, pero sin producir el miedo del
cemento, donde la prensa sólo informa de sucesos en zonas rojas y con
delincuentes que también son de guante blanco y corazón frío.
Caminando una tarde encontró una cajita
detrás de una piedra, donde divisó en su interior trozos de metal parecido al
aluminio. Sólo que al querer doblarlo no pudo. Como salido de un Roswell del
siglo XXI.
Este lugar tiene tanta carga mística y
energética, que su naturaleza tiene el poder de cuidar heridas y almas en pena.
Regenera y envuelve con su halo de misterio y magia. Sólo con ver la sierra,
con sus chacras y olivares, la mente y el espíritu se enriquecen.
Por algo, todos desean volver o se
quedar por allí. No es la Punta frívola, es el paraíso agreste y natural, que
embruja y hace detener el tiempo.
Esta noche se cobijan en una fogata,
como marca la tradición. En la Noche de San Juan. Las gemas que llevan brillan
más entre sus manos. En sus anillos y en sus collares, reflejándose en sus miradas,
para que olviden las espinas de la vida. El calor del fuego y el frío del mar,
en un ¨week end¨ ensoñador, las luces extrañas detrás de la sierra, mientras
andan descalzos chapoteando en la arena.
Tomando mate amargo para tener dulces sueños. Todo eso es lo que
trasmite la zona, con el toque de algún tambor y la danza ¨con lobos¨ que son
los canes congelando la visión para que esa paz no termine.
Esto no se vende, aunque el diamante rosa tenga un precio.
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