miércoles, 19 de octubre de 2022

 

LA MINA MISTERIOSA


MALDONADO, PUEBLO EDEN.

VERANO DE 2022


Para Santiago, aquel día era uno más para ir a su trabajo en la mina de cobre.

Termina lentamente su mate y sale. Es muy temprano, está amaneciendo y aunque no escuchaba a los pájaros, notaba que sería un buen día.

El camión vendría a buscarlo, para llevarlo con otros mineros, a una jornada laboral. No sabía que le pesaba más, si la mochila de su espalda o la de la vida.

Escucha el ruido inconfundible del camión. Subió rápidamente y se sentó al lado de los otros hombres cuyo aliento a tabaco.

Recuerda que hace unos años se le hizo tarde y se fue en su vieja bicicleta. Pedaleando rápido.  Resultó ser el día más extraño de su vida, pero a pocas personas les cuenta el suceso.

Aún parece sentir el sudor resbalándose de su sien y el corazón golpeando fuerte en su pecho.

Antes de salir, tuvo una premonición, y al lavarse la cara, se le rompió el espejo. También una taza se le escurrió de las manos, rompiéndose en mil pedazos. 

Siguió su ritual de salida, para después irse en la bicicleta. Llegado a su destino que era la vieja mina de cobre, se bajó de la misma.

De pronto, una luz lo encegueció y una luz potente iluminó su cara. Tenía diferentes colores, como una especie de arcoíris.

No sabe cuánto tiempo pasó, pero de pronto estaba en el portal de su casa.  Reconoce a su esposa, que lo mira incrédula, ya que nunca vio a su marido en ese estado.

Llegaba de su trabajo en la cafetería cuándo presenció esta extraña escena.

Santiago nunca pudo superar este suceso. Y el sueño de su probable secuestro vuelve a ocurrir. Provocándole extrañas y recurrentes pesadillas. Nunca superó el recuerdo de su fuga, alterando a veces su paz espiritual.

Lo único que atesora y lo mantiene vivo, es su hogar , en esta cabaña cercana a la Laguna (del Sauce), en un valle cercano a las sierras.

Lugar donde a veces va a pescar con su hijo. Y a veces se va con amigos al Arroyo Pintado, que desde chico visita. Este es su lugar en el mundo, un pulmoncito de vida que lo sujeta a la tierra, y dónde piensa vivir hasta la muerte, que espera por ahora le sea esquiva.

Quiere ver crecer a sus hijos, antes de partir.

En este edén, cercano a San Carlos, se siente lejos de la civilización, pues es un lugar incontaminado y único.

Allí vive poca gente, pero buena. Como César, un montevideano que visita el pueblo para inspirarse a escribir. También está ¨El francés¨ que retornó a sus raíces y abrió un negocio de quesos y dulces.

Y dos por tres visita a sus amigos dueños de la taberna ¨Edén¨ que con sus platos caseros y sus frutos del mar agasajan el estómago de turistas y pueblerinos..

A veces recuerda  otro suceso vivido dentro de la mina, a 15 m. de profundidad.

Cuando él y un compañero bajaron para entrar a un subsuelo. Lo hicieron lentamente usando  una fina escalera,  casco protector, guantes y cuerdas. En busca de metales como  cobre, hierro y malaquita.

Simón bajó primero y con cuidado se deslizó un trecho. Lentamente seguía su descenso, pero en determinado momento resbaló de la escalera. Se inclinó hacia un costado y su cabeza golpeó contra la roca de cristal .

Esto le provocó un desmayo, y Santiago trató de subirlo de a poco. Por suerte su delgadez  ayudó en este proceso.

Santiago lo fue arrastrando hacia arriba, despacio pero con seguridad.

No fue fácil volver del túnel, que casi se volvía un camposanto.

Sus manos grandes tomaron el cuerpo frágil del chico, y logró llegar hasta tierra firme. Por suerte estaba allí otro minero que ayudó a ambos y los trasladó a una Policlínica  Municipal cercana.

El muchacho afirmó que vio una luz brillante de colores, y que después no recordaba nada, y que al despertar de su estado inconsciente, sólo percibió una habitación blanca, con rostros desconocidos  que lo miraban fijo, para saber sobre su estado.

Nunca olvidaron ese día, el día del resbalón, donde casi dejan allí sus vidas para siempre. En la histórica mina sedienta de vidas, que albergaba ya algunas, pero que siempre quería más gente para sepultar en sus entrañas.

Esta es la historia oficial. La otra es el sueño recurrente del minero Salvador, donde ve la luz potente, siente su cuerpo caer, sensación pesadillezca que lo hace despertar somnoliento y sudoroso.

Al despertar sabe que podía haber sido la víctima, pero su rol fue el de salvador y héroe, luchando para salvar a Simón.

Desde ese hecho valora mucho más las cosas simples, como ver a su hijo reír y jugar, a su mujer cuando se peina y cocina, a su perro cuando salta.

Mira con más detenimiento la tarde que cae y el sol que se va, la mañana con sol e incluso el ruido de los sapitos después de la lluvia.

Sabiendo que un mañana le va a volverle a sonreír, sin prisas, sin apremios.

Ya no le pesa el madrugón ni el pedaleo en la bici. No se queja más de nada, como típico uruguayo.

En su pequeño taller, la energía de la piedra le produce bienestar. Aprendió a moldear la malaquita y con ella hace figuras que después vende a turistas como ¨souvenir¨ del lugar.

Este es su lugar en el mundo, su aldea perdida y su paraíso.

Un pueblo donde el tiempo se detuvo. Es un ¨slown town¨ donde aún se duerme con las puertas abiertas y el corazón tranquilo. Donde pasan cosas místicas, algo extrañas, pero sin producir el miedo del cemento, donde la prensa sólo informa de sucesos en zonas rojas y con delincuentes que también son de guante blanco y corazón frío.

Caminando una tarde encontró una cajita detrás de una piedra, donde divisó en su interior trozos de metal parecido al aluminio. Sólo que al querer doblarlo no pudo. Como salido de un Roswell del siglo XXI.

Este lugar tiene tanta carga mística y energética, que su naturaleza tiene el poder de cuidar heridas y almas en pena. Regenera y envuelve con su halo de misterio y magia. Sólo con ver la sierra, con sus chacras y olivares, la mente y el espíritu se enriquecen.

Por algo, todos desean volver o se quedar por allí. No es la Punta frívola, es el paraíso agreste y natural, que embruja y hace detener el tiempo.

Esta noche se cobijan en una fogata, como marca la tradición. En la Noche de San Juan. Las gemas que llevan brillan más entre sus manos. En sus anillos y en sus collares, reflejándose en sus miradas, para que olviden las espinas de la vida. El calor del fuego y el frío del mar, en un ¨week end¨ ensoñador, las luces extrañas detrás de la sierra, mientras andan descalzos chapoteando en la arena.  Tomando mate amargo para tener dulces sueños. Todo eso es lo que trasmite la zona, con el toque de algún tambor y la danza ¨con lobos¨ que son los canes congelando la visión para que esa paz no termine.

Esto no se vende, aunque  el diamante rosa tenga un precio.

 

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