miércoles, 19 de octubre de 2022

 

LA Z Y EL LUCHADOR

CRONICA BASADA EN HECHOS REALES DE LA GUERRA EN UCRANIA

DIA 1. EL REGRESO

 

Sus pasos cansados hacen crujir el pasto seco y aplastado.

El humo de la vieja refinería lo hace detenerse. Olfatea que hubo un ataque por el humo que respira.

Nicolai viene cansado de caminar desde la frontera, luego de detenerse en más de 20 controles.

Mira a su alrededor y la ciudad tiene un aire surrealista, con barricadas y tanques quemados.

Las calles vacías la hacen parecerse a un cementerio. Ciudad que parece sacada del Infierno de Dante.

Podría haberse quedado donde estaba, en un lugar de confort, pero volvió a Lviv para luchar por su nación invadida por los rusos.

Mira el edificio de apartamentos donde vivía, destruido y oscuro, con un velo ceniciento, fantasmagórico.

De pronto, un ruido lo ensordece. Son las sirenas que hacen correr a la gente. Y Nicolai no es la excepción.

Todos corren rápido hacia los refugios. La sirena anuncia un toque de queda.

Hace un mes atrás paseaba a su perro por estas calles, sin siquiera pensar que la guerra llegaría a su ciudad y que alteraría su rutina.

Baja rápido las escaleras, y se encuentra con otros refugiados. Entre ellos están sus padres.

Más tarde tiene que ir a entrenarse, pues es un civil y nunca antes tomó un arma en sus manos. De paso, verá a algunos vecinos del edificio.

Recuerda que apenas se supo que las tropas se acercaban acompañó a su mujer y sus hijos hasta la frontera, donde un tren los llevaría a Varsovia.

Ahora regresó a dar pelea al enemigo y a acompañar a sus padres, que no quisieron huir.

La oficina de la multinacional donde trabajaba cerró sus puertas por las sanciones de Estados Unidos.

DIA 2 . EL DESAPEGO

Despierta con gritos de hombres y mujeres.    Recuerda que es el día para ir de nuevo a entrenar. Ahora que sabe empuñar el arma, debe aprender a dar en el blanco.

Hay militares vigilando las calles. Las autoridades desconfían de todos, los miran como son sospechosos y espías.

Ingresa al gimnasio presuroso para no llegar tarde. Ingresa a la clase de tácticas. La primera clase fue un teórico.

El arma es similar a la que le darán cuando vaya al campo de batalla.

Aún cree escuchar el ruido de un misil, cuando huían de la ciudad. Que cayó cerca de la iglesia, destruyendo un depósito de combustible.

Ahora sólo piensa en su familia y una lágrima corre por su mejilla, la que retira rápidamente. Ayer habló con Irina por teléfono y sabe que ella y sus hijos están bien, aunque extrañan bastante al padre y los abuelos, su hogar, barrio y amigos. Están en un refugio elemental sin calor de hogar ni comodidades.

Rusia ha invadido su país, su democracia, luego de poseer Crimea en 2014 y ahora quiere invadir todo su territorio soberano.

El genocida quiere anexarse Ucrania, país rico en cereales, gas y punto estratégico en el Mar Negro, con puertos importantes.

Pero deberán enfrentar a la Resistencia ucraniana, un ejército de milicianos, civiles y mercenarios que llegan al país para apoyarlo en la lucha.

DIA 3. EN EL CAMPO DE BATALLA

Nicolai se viste de prisa. Le cuesta ponerse las botas. Respira con dificultad.

El espejo le muestra un rostro irreconocible, con el ceño fruncido y la frente sudorosa.

Pues ese día comienza su misión en la Resistencia.

Por sus conocimientos en comunicaciones estará controlando el uso de drones, en una zona apartada de Lviv.

Drones que enviarán para destruir tanques rusos, que están a unos kilómetros.

Tripulados con chicos inexperientes, que demoran en avanzar por el barro y el terreno desigual, lo que es ventajosos para que la milicia prepare las barricadas.

Fuma un último cigarrillo. Se va con su mochila con un grupo de guerrilleros en un camión. Con otros dos voluntarios bajarán al terreno con drones, mirarán coordenadas en el PC para que lleguen a su objetivo exacto.

A lo lejos cae un helicóptero y la visión del fuego lo paraliza. Pensó que el problema era en Donbás pero la guerra se extendió a otras partes del territorio llegando a su ciudad.

Muchos pueblos han sido destruidos y mucha gente ha muerto, en especial en Mariupol. Millones de personas han huido más que nada mujeres y niños. Otros ya no volverán. Hay vecinos que ya no podrá saludar.

Su abuelo, que luchó en la Segunda Guerra Mundial contó alguna vez sobre la crueldad de la guerra. Pero el relato es diferente ahora. No es una anécdota, es una cruda realidad que afronta, para poder salvar a su familia y coterráneos.

Sueña con volver a abrazar a sus hijos y su mujer.

Pero ahora se concentra en la misión, abre sus ojos y un punto oscuro se ve en el horizonte. Se esconde detrás de una roca. Sus compañeros hacen lo mismo. De pronto corre hacia la arboleda, mientras se acerca la brigada rusa.

Se concentra y prepara el lanzamiento desde su consola. Su dron es pequeño, cabe en una mochila, pero tiene un gran poder de destrucción.

Agradece la donación de Erdogan –Pdte. Turco.

El tanque se detiene. El dron lo alcanza y las llamas lo cubren. De pronto, sale un soldado, algo agonizante. Se arrastra por el camino untuoso de barro…y por una cámara infrarroja lo ven fugarse hacia la arboleda, a metros de Nicolai.

El escenario reproduce una película de Mad Max mezclada con un poema de Baudelaire.

A lo lejos, caen otros tanques. El paisaje rural se siembra de horror y humo.

El hombre nervioso y sudoroso toma el arma con sus manos grandes y apunta a un grupo de hombres bajo la arboleda. Son soldados rusos que bajaron de un tanque y se reúnen con otros que salen de un búnker y que parecen planear un ataque con misiles.

Nicolai apunta, pero de pronto, deja caer su arma. Sus ¨objetivos¨ son alcanzados por otras balas. Se escucha el estruendo y ve caer cuerpos.

Uno de ellos levanta las manos, y se entrega. Es un prisionero más.

Más tarde en el pueblo  a este hombre le ofrecen té caliente y lo dejan llamar a su familia.

La guerra letal cobra un rostro más humanizado, como una ironía del destino.

En otro lugar más cruel lo atarían para torturarlo.

Nicolai conoce a su gente, son todos como hermanos, y detestan la violencia.

Le dicen que los rusos abandonaron Kiev, al menos por el momento.

Dejando a su paso destrucción y muerte.

Violando todo derecho humano.

Dejando cuerpos de civiles tirados en las calles.

Nicolai va al búnker a ver a sus padres. Los dos lo abrazan deseando que esta pesadilla termine.

Pero sólo es un primer round.

La estación de tren está dañada. Ve cajas de proyectiles tirados. Hay búnkeres abandonados por los rusos, con botas y uniformes tirados. Hay restos de comida y medicinas. Insuficientes para la dieta de soldados hambrientos. Que como duendes robaban comida en casas del pueblo. Casas abandonadas algunas.

Extrañando su magro pero seguro salario. Ahora atrasado en meses.

La zona ahora parece un paisaje lunar lleno de cráteres. Pasa un perro buscando a su dueño. La gente teme pisar la tierra por las minas, que pueden estallar en cualquier momento.

Se respira caos, angustia, pero a 38 días de ocupación hay una tregua, falsa señal de nuevos ataques, que emulan el Infierno de Dante.

Pero en la tierra del siglo XXI. Repitiendo al Siglo XX. Y luego de una larga pandemia de 2 años, provocada por el coronavirus.

Aún sigue el toque de queda y hay muertos en ambos bandos, cuyos cuerpos son recogidos par aun entierro decente. Otros se entregarán al frente ruso. Y algunos ni se reportan, ni los reclaman.

En el 19 expulsaron a los rusos de Lenín. Pero hoy no es tan fácil mantener tropas y territorio.

DIA FINAL. POR FIN EN CASA

Esa noche Nicolai toma lentamente su sopa ¨borsch¨. No sabe cuándo volverá el enemigo. Mira su arma aún reluciente.

Le da más brillo, y su acero reluce aún más.

El futuro es incierto. Decide vivir el ahora, olvidando por un rato la guerra fría y de aire imperialista.

Suenan las campanas de la catedral. Es la hora de la misa.

Nicolai acude con sus padres. En la plaza izan la bandera bicolor celeste-amarilla.

        A la que todos veneran y juran defender con su vida. Hombres y mujeres valientes que no temen al enemigo.

Saben que les llevará meses, pero esperan ser libres…para volver a ser el pueblo que eran.

La cúpula de la catedral reluce, por ahora, como relucen los rostros de los que cantan el himno nacional.

Nicolai sabe que si muere por su país será leyenda…un mártir más que desafió el destino.

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