¨HACIA MARTE¨
EL
¨elegido¨ camina rápido sobre la plataforma. Le faltan pocos minutos para
ingresar a la nave. Atrás queda su pasado y sus raíces. Con ropa ligera, como
su equipaje. Pero con mil proyectos, el principal es sobrevivir. Su chip es el
mismo, la vida, si sigue, será otra. Ojalá mejor que ésta.
Pues
no podrá volver, dicen los organizadores del viaje. Le quedarán sus recuerdos y
el adiós a familiares y amigos.
Ni
Ray Bradbury imaginaría esta partida. Ni que luego de mil filtros, los elegidos
irán a Marte, el planeta con más futuro para vivir, ya que se solucionó el
problema del agua y la gravedad, dentro de la ciudad recién creada.
Es
el Arca de Noé de la ciencia este primer vuelo con gente. La prueba X, la
frutilla de una torta que se hornea hace años.
Y
que comenzó con los primeros hombres que pisaron la Luna, en el año 69.
Ezequiel
camina a paso firme, sabiendo que no puede volver al pueblo donde nació.
Y menos
a la ciudad que lo cobijo´ cuando decidió ser piloto.
Sabe
bien que esto no es turismo espacial, porque todos los que van son colonos que
deberán adaptarse a un nuevo mundo lleno de retos.
Siguiendo
los planes del Sr. Musk, que siempre quiso enviar gente al Planeta Rojo.
CAP. 2. LA PARTIDA
El módulo despega la nave ¨starship¨. Ezequiel observa el reloj, es la hora.
El
ruido suave de los motores llega a sus oídos. Su sueño se cumple, viajar en el
espacio sideral. La misión tiene como finalidad habitar una ciudad ecológica y
autosustentable, en una zona de Marte.
Le
quedan meses de viaje. Siente emoción y expectación, como los otros viajeros.
La pastilla tranquilizante aún no surte efecto. Una luz azulada penetra en su
vista. Los sonidos se entremezclan. Alcanzan una alta velocidad. Hay agujas que
giran, como giran sus pensamientos.
Se
ajusta el cinturón. EL mundo será otro, aunque el trabajo se combinará con
placer y diseño de vuelo, si todo sale bien.
Todos
creen que resistirán, y que todo va a ser mejor de lo esperado.
En
2022 ya habían llegado allí 2 naves no tripuladas.
CAP. 3. EL VIAJE
Una alarma advierte señales de peligro.
Ezequiel no teme, es el sistema eléctrico que avisa del peligro.
Mira hacia el espacio, pero sólo ve un
aluvión de meteoritos que la nave pudo esquivar. Rebasan el obstáculo y se
normaliza el viaje.
Va hacia un salón con mamparas donde
varias personas juegan al póker. Otros prefieren el ajedrez y otros prefieren
juegos de PC. Socializar es el lema, por ahora. Y nadie juega un solitario.
Ezequiel resiste su traje espacial color metal, ajustado y ligero.
De pronto, las cartas y fichas vuelan, y
la gravedad las eleva. Reyes y peones se juntan.
Ya están fuera de la órbita espacial y
la codiciosa tierra está muy lejos, a millones de kms. Es hora de comer. Son alimentos
frugales adaptados a los futuros pobladores del planeta rojo, que no deben
engordar. Con ejercicio diario y dieta balanceada.
De pronto, una chispa los hace
enmudecer. Detectan una falla y se activa de nuevo la alarma. Se apagan las
luces de la nave. El sistema de emergencia impide un total apagón. Los focos
son débiles pero permiten ver mejor. Por suerte la batería de reserva resiste.
Es hora de que cada uno vuelva a su lugar reservado. Ha regresado la luz normal,
superior a una led común. Todos van a descansar. Se formaron grupos según
idioma, región, edad, etc. Pero con un fin común, poder socializar en un nuevo
planeta.
CAP.4. LA LLEGADA
A lo lejos vemos a Fobos y Deimos las
lunas que vigilan Marte. Cercanas a nosotros, lejanas a la Tierra, a unos 200
millones de kms. Cifra difícil de digerir. Marte se ve tal cual la vio Galileo
en1610. Se nota el tinte rojizo debido al hierro oxidado de su suelo.
Ezequiel se pellizca, parece mentira,
piensa y grita ¨Acá estooooyyy¨.
En ese planeta pequeño, rocoso,
desértico y frío sólo la mano del hombre podrá darle el toque necesario para
ser habitable.
En las laderas hay agua salada que será
procesada para ser potable.
A lo lejos ve un rover estudiando el
planeta, o sea tomando fotos y haciendo mediciones.
Un año allí equivalen a 2 terrestres
y la ventaja es que habrá más tiempo de
hacer más cosas.
Todo se ve mejor que en fotos. Y la
pupila de Ezequiel retiene la imagen nítida de este lugar al que pisa por
primera vez.
Le cuesta un poco respirar. Aún no
pueden sacarse el casco. Es un planeta con mucha radiación y para sacarlo deben
ir a un espacio controlado.
Baja la escalinata de la nave y da unos
pasos con la demás gente. Llegaron a Marte al fin, cuyo nombre se debe al Dios
de la Guerra de Roma.
Se siente como el Zhurong chino, robot
que llegó en mayo del 21 a esas tierras. Y también recuerda las clases de
Robótica, donde tuvo que realizar un ejercicio para que funcionase un pequeño
robot. Como un juego más de adolescente, pero que formaría en su mente la idea
de dedicarse a la astronaútica y llegar algún día a la NASA.
CAP.
5. EL DESPERTAR
La ciudad se prepara para recibirlos.
Los esperan los primeros astronautas que ya habían llegado. Llegan también
algunos animales, como un arca de Noé.
Cada uno carga poco equipaje.
De pronto, fuegos artificiales y aguas
danzantes los lleva a alzar la mirada al cielo. Hay globos que explotan con el
calor de los fuegos.
El corazón de Ezequiel late más fuerte que de costumbre. Es un
colono más que siente nuevos perfumes, sonidos e idiomas.
Su rostro se ilumina y su sonrisa define
su sentimiento al estar allí. Es llegar al Olimpo, después de meses de viaje,
renaciendo de un parto difícil, cruzar el espacio y llegar.
Mira al universo y ve la Tierra, vecina
lejana. Ve a Júpiter que les guiña un ojo.
Es la Bienvenida más soñada. Su trabajo
comenzará mañana. Hoy hay que disfrutar y divertirse.
Ni Kafka soñó con esto. Y ni el Funes de
Borges lo calcularía.
CAP.6. FINAL
De pronto, siente una explosión. Sus
ojos se abren. Mira el Calendario. Es el año 2021. Está en su casa del Prado,
en Montevideo.
Todo lo que vio tan real era un sueño.
Solo la ciencia y algún visionario sabe si el hombre llegará a Marte en
2024. Si eso pasa, será la primera
experiencia del hombre después de alunizar.
En la cocina, le parece ver su taza flotar. También lo hace
su cepillo dental.
En el espejo parece ver el traje
espacial ligero, pero es sólo ilusión óptica. Algo surrealista y sugerente. Su
cara parece la de un personaje de Kafka.
Su perro lo mira extrañado. Pero se
concentra en comerse sus pelotas.
Ezequiel parte al trabajo como siempre.
Sus pasos se pierden en la calle
colonial empedrada.
Sigue pensando en las lunas de Marte.
Pero prefiere la luna terrestre y las estrellas fugaces que se apagan.
Lo abraza el sol matinal. Y su rutina lo
absorbe otra vez. Saluda al vecino, compra cigarros en el kiosko. Se saca los
audífonos y un auto le toca bocina, por ir distraído. Es que está de nuevo en la selva de cemento,
no entre las rocas de Marte.
Se pone a silbar. Esta vida es buena
aunque más predecible. Se va saltando y piensa ¨Mejor me quedo acá¨. Y que la
NASA reclute a otro.
Saborea su cortado sentado en una
cafetería. Mira su viejo reloj de pulsera, debe irse ya.
El cielo y la rambla de Montevideo son
inconfundibles. Al entrar al trabajo una chica le sonríe.
Es su novia millenial, con atuendo
gótico, piercing y pelo colorido. Y recuerda las palabras de una sexóloga que
dijo una vez: ¨Qué pasa con la testosterona si cambiamos de órbita?
Ahora lo sabe. Sigue igual.
Esa noche mira las estrellas y ve los
dos satélites. Aún le parece ver el cráter Jezero. Y vistas mejores que las del
Hubble.
Recuerda la película donde el
protagonista va a una empresa de viajes para que le implante recuerdos de un inexistente viaje a Marte.
Entretenida cinta algo irreal.
Ahora, Ezequiel es el protagonista
principal y el Universo está a sus pies, es ciudadano del mundo y del
universo. En sueños concretó su deseo,
pero al despertar sólo piensa en quedarse en su tierra natal, donde queda aún
mucho por descubrir y enfocar con la lupa.
Mira la TV y ve que un nuevo robot ha llegado a Uruguay.
Mi trabajo lo va a reemplazar alguno de
estos –piensa.
La nueva normalidad le trajo el
teletrabajo. Nadie lo interrumpe ni le ordena.
Se siente un teletubbie. O el añejo ultratón. Algo aburrido.
Vuelve a su zona de confort.
Al mate, la rambla, el partidito de
fútbol y el asado.
Yanquis, rusos y chinos, sigan con su
carrera espacial, que yo ya salgo a correr por el parque.
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