EL
JOKER LADRON DE HALLOWEEN
Ese
domingo fui a recorrer el shopping, como hacía habitualmente.
Caminaba
tranquila. De pronto, sentí algo parecido a un disparo. Me di vuelta y los vi, huyendo
en una moto.
La
tarde se puso más plomiza que el plomo de esa bala perdida.
La
vieja ex cárcel vuelve a estar agitada, como en otros tiempos. A pesar de haber
reciclado su edificio.
Desde
el estacionamiento veo gente apurada, otros que corren presurosos a su coche o
hacia la parada.
Al
menos sé que eran sólo dos ladrones, que ya no están por allí. Solo quedan las
potenciales víctimas, que por suerte sólo pasaron un susto, dentro de un local,
en una joyería.
Y la
seguridad fue burlada en un shopping aparentemente inviolable.
Todo
hecho con un simple disfraz de Diablo en un día ideal para ello: Halloween.
Festejo
importado del Norte que se ha asentado hace años en Uruguay.
Oportunidad
aprovechada por el ladrón, para que en segundos le dieran mercadería valiosa,
de una joyería.
Un
robo rápido, como un ¨Ring Raje¨ de nuestra niñez.
Escena
surrealista y marginal en una Montevideo metálica y plomiza. De gente que no
pide caramelos, que pretende algo más para sobrevivir, sin importar cómo,
desafiando códigos y sin importar si hay castigo.
El
autor, fue un disfrazado más de esa tarde de sábado. A la hora de la matiné.
Hora en que se espera novela, acción, noticia. O un ¨reality show¨ jugoso.
Hecho
breve pero novelesco. Que permanecerá en la historia delictiva. Para que el
lector aburrido lea la noticia y sonría. Cosa que no hace el dueño del local. Ha
sucedido antes, y vuelve a suceder.
El
transgresor disfruta mientras no lo atrapen. Hasta que un día cae, y lo
encarcelan. Y recordará un suceso más del collar de delitos cometidos, que lo
llevó a trascender como sujeto peligroso de un barrio marginal. Por llevarse
joyas de un shopping en hora ¨pico¨ en un lugar supuestamente muy vigilado,
logrando su objetivo de llevarse un pequeño botín, y encima poder huir sin
problemas.
Y su
tabla de salvación no fue la de surf, es la tabla resbaladiza sobre olas
gigantes, como gigantes son sus ganas de trascender a costa de su viveza
criolla y transgresora.
Y
les contará a los compas de la cárcel sobre los golpes del marrón para romper
la vidriera del tesoro. Cómo costó hacerlo, cómo ingreso´ al lugar para
amenazar a su vendedora. Cuya cara asustada no olvidará.
Como
¨En busca de la Esmeralda perdida¨ este sr. ¨Manos de tijera¨ no quiere pasar
al olvido. Porque no olvida su niñez orillera, ni los golpes de su padre cuando
estaba borracho. Ni los gritos de la madre, pidiendo que no le pegaran. Ni los
nombretes con que lo tildaban de violento en la escuela.
La
lacra social es un ser humano producto de una sociedad que no ha sabido educar
a gente que viene de los llamados ¨hogares disfuncionales¨, donde lo que se
quiere se toma, sin pensar que tiene consecuencias. Donde ser ventajero no es
un problema. Es un código y un modo de vida para sobrevivir.
Porque
la ceguera de la sociedad no es sorpresa, ya la nombró Saramago en su famoso
ensayo. Es la cocina del show, donde somos títeres y el que maneja el telón es
el factor sorpresa con un mago que de pronto nos muestra que el dulce es
travesura y que vino con ¨sorpresita¨!
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